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Full text of "Los gemelos : juguete cómico en un acto y en prosa"

ADMINISTRACIÓN 

LÍRICO-DRAMÁTICA 



LOS GEMELOS 



JUGUETE CÓMICO EN UN ACTO Y EN PROSA 



OREGINAL DE 



DOMINGO GUERRA Y MOTA 



MADRID 

CEDACEROS 4, SECUNDO 
1*389 



LOS GEMELOS 



ADMINISTRACIÓN 

LÍRICO-DEAMÁTICA 



LOS GEMELOS 

JUGUETE CÓMICO EN UN ACTO Y EN PROSA 



ORIGINAL DE 



DOMINGO GUERRA Y MOTA 



Estrenado con buen éxito en el Teatro Cervantes de Sevilla en la noche 
del 10 de Abril de 1889. 







SEVILLA 

Imp. y Lit. de José M. a Ariza, Sierpes 19. 
1889 



REPARTO 



PERSONAJES ACTORES 



RITA Sra. D. a Trinidad Vedia. 

ADELA Srta. D. a Teresa París. 

LOLA Sra. D. a Amelia Fernández Lozano. 

LUIS Sr. D. JULIÁN ROMEA. 

JUAN » » José Barta. 

ARTURO » » José Santiago. 

UN GUARDIA MUNI- 
CIPAL (gallego). . . » » Manuel Mañas. 



Época actual. 



Las indicaciones del lado del espectador. 



Esta obra es propiedad de su autor, y nadie podrá, sin su 
permiso, reimprimirla ui representarla en España y sus po- 
sesiones de Ultramar, ni en los países con los cuales haya 
celebrados ó se celebren en adelante tratados internaciona- 
les de propiedad literaria. 

El Autor se reserva el derecho de traducción. 

Los comisionados de la Administración Lírico-Dramática 
de DON EDUAKDO HIDALGO, son los encargados exclusi- 
vamente de conceder ó negar el permiso de representación 
y del cobro de los derechos de propiedad. 

Queda hecho el depósito que marca la ley. 



^Al jSr, p. jJosé Veneras 
tOctñl tnutoka bel aféelo aui U tiene 



(51 %utox. 



668587 



Digitized by the Internet Archive 

in 2012 with funding from 

University oí North Carolina at Chapel Hill 



http://archive.org/details/losgemelosjuguet2513guer 



ACTO ÚNICO 



Habitación bien amueblada. Puerta al foro. A la izquierda balcón. A. la, derecha 
dos puertas. Velador con un quinqué y periódicos en el centro hacia la izquier- 
da. Una butaca junto al velador. 



ESCENA PRIMERA 
ADELA, asomada al balcón, habla con uno que figura estar en la calle, 

ADELA 

Estoy muy enojada contigo, (pausa.) ¿Te parece bien, ha- 
ber tardado tanto? — Si, ante3 que rizarte el cabello, soy 
yo. — Bueno, pero do lo vuelvas á hacer. — Si, te perdo- 
no, ícon mucho mimo.) Malo, malísimo! — Qué? No debía 
quererte. —No seas tonto. No pienso en nadie más que 
en tí. Aunque mis tíos quieran no me caso con él. — ¿Que 

eche el cordelito? tacándolo del bolsillo.) Ahí Va. ( L o arroja 
por el balcón, quedándose en la mano con un estremo.) ¿ J- a - — (Tira 

de él yrecoje un cartucho de papel.) ¡Bombones! ¿Para qué has 
hecho este gasto? — Muchas gracias, Arturito. — Muchísi- 
mo, v tú?. ..Vete ya, que van á vernos. No puedo más. 
Ven luego y te daré una carta. Adiós, mi vida! Adiós! 

AcllOS. I Lo despide agitando el pañuelo.) 



_ 8 — 

ESCENA II 
ADELA y RITA por la 1. a puerta de la derecha. 

Rita. Qué estás haciendo? 

Adela. Ah! (Aparte, volviendo la cara) Nada, tía, que abrí el balcón 
y estaba espantando un moscardón que había aquí 
dentro. 

Rita. Bien, pues cierra, que hace frío. (Adela cierra ei balcón.) 

Adela. Ya está. 

Rita. Escucha, Adela. Es preciso que llegues á querer á Luís; 
es muy buen chico, y te conviene. 

Adela. Sí lo será tía, pero á mí no me agrada; no estoy enamo- 
rada de él. 

Rita. Tu tío y yo queremos que os caséis y seáis felices. 

Adela. Pues yo creo que á Luís le sucede lo mismo que á mí, 
que no le gusto. Y si sostiene las relaciones, es sola- 
mente por complacer á su padre. 

Rita. Cállate y no digas tonterías. Luís te adora, y lo prueba 
lo puntual que viene todas las noches y lo servicial que 
es con nosotros. 

Adela. Bueno, tía, yo haré lo que ustedes quieran. ..(Menos ca- 
sarme con él! ¿Qué seria de mi Arturo?) 

Rita. Pues no volvamos á ocuparnos más de este asunto. Anda 
á arreglarte, que vamos á salir para buscar el ama para 
mis gemelos. 

Adela. Voy. (Y yo que le dije á Arturit.. que volviera. ¡No lo 

voy á ver), (vase 1.» derecha.) 



ESCENA III 

RITA y á poco JUAN por la 2. a puerta de la derecha con dos niños 
pequeñitos en los brazos y un biberón. 

Rita. Es necesario que busquemos otra ama. ¡Pobrecitos! Ha- 
berse ido la que tenían y dejarlos abandónalos! Juan! 

Juan! (Llamando.) 

Juan. (Dentro) Qué quieres, mujer? 

Rita. Ven. (Esos angelitos no pueden con el biberón). 



— 9 — 

Aquí me tienes ya. (Distraído con ios niños) Anda, monono, 
otro traguito, otro traguito 'Aplicando el biberón.) Mira, mi- 
ra, mujer, cómo chupan! (con mucha alegría) Ay qué ricos! 
Ahora á tu hermanito ¡(rlotoncillo! Asi, asi! — Basta; no 
tacto, que te ahogas, chiquitín!... 

Juan, es necesario que vayamos esta misma noche por 
el ama de cría, no pueden pasar sin ella. 
Bueno, lo que tú quieras y cuando quieras ÍAiosniños.) 
Chupa! Chupa! 

Dentro de un momento saldremos, voy á arreglarme un 
poco. Dame los niños para meterlos en la cama. 
Toma. Ay qué ricos! ay qué ricos! í'l os besa —Bita ios toma 

y se va 1 a derecha.— Coloca el biberón sobre el velador.) 



ESCENA IV 
JUAN. 

Juan. Carambita y qué fresquito hace! Leeremos un poco 

mientras viene mi mujer. ( Se sienta junto al velador y coje un 
periódico.) 

„TJna joven primeriza " esto es lo que se desea 

„Ama de cría de tres meses de...." "Ama para casa de 
los padres...." Ama.... ¡Cuántas hay! A ver, á ver...! Dos. 
cuatro, ocho, veinte... Caracoles, y cómo abundan! Ya 
se ve! Como lo ganan tan- bien con este oficio, están tan 
mimaditas y las madres les dan lo mejorcito de la ca- 
sa.... 'pausa y suspirando) Ay! A veces siente uno no po- 
der ser útil para el caso! Las tengo envidia, sí, envi- 
dia! (suena un campanüíazo» Llaman? Quién? Vamos á 
abrir, (sale por el foro y entra de seguida. J 



ESCENA V 
JUAN y LUIS por el foro. 



Luis. Buenas noches, D. Juan. 

Juan. Hola, hola, Luisito! ¿Se trae frío? 



— 10 — 

Luis. Un poco. No puedo acostumbrarme á este Norte que 
corre. ¿Y doña Rita y Adela? 

Juan. Están allá dentro con los gemelos. Como sabe V. que 
hemos tenido la desgracia de que se les vaya el aína, 
y como también se lia marchado hoy la criada 

Luis. Sí? 

Juan. Sí, y además tenemos hoy una huéspeda en casa, una 
antigua amiga que llegó esta mañana á pasar unos días 
con nosotros. 

Luis. Vamos, entonces hoy ha sido el día de ocupaciones. 

Juan. Sí, y eso que yo les ayudo todo lo que puedo, porque 
no soy como esos maridos que uo sirven para nada. A 
que no calcula usted todo lo que hoy llevo hecho en la 
casa? 

Luis. Nó señor, no puedo.... 

Juan. Pues nada, yo no me achico. Antes de darle un disgus- 
to á mi mujercita, hago todo lo que hay que hacer en 
el mundo. A poco de levantarme se fué la criada, pues 
á la cocina, en un momento lo arreglé todo. Y después 
de dar una vuelta ala casa, guisé un pollo, que duran- 
te la comida do han hecho más que chuparse los dedos. 
Lo que es como yo, pocos, poquitos. 

Luis. Es verdad. Y doña Rita y Adela ¿qué han hecho mien- 
tras? 

Juan. Ab! Las pobres con los niños y recibiendo una infini- 
dad de visicas que hemos tenido. 

Luis. Ya! (Calzonazos!) 



ESCENA VI 
DICHOS y RITA por la derecha, preparada para salir. 



Rita. Vamos, Juan. Hola! Buenas noches, Luís. 

Luis. Muy buenas. 

Juan. Cuando quieras y como quieras. 

Rita. Pero ahora que caigo....! ¡Vaya por Dios! 

Juan. Qué? Te duele algo? (con mucho cariño) 

Rita. ( Gon e ufado) Nó, hombre, es que no podemos salir. ¿Con 



— 11 — 

quién se van á quedar ios niños? porque Adela tiene 
que venir con nosotros y tarda tanto Lola en volver 

Juan. Pues es verdad, mujer. 

Rita. Y que no hay más remedio que salir deseguida para te- 
ner el ama esta noche. 

JUAN. Es verdad, es verdad, no hay más remedio. 

Luis. (Aparte) (Qué modo de comprometer...!) Si ustedes quie- 
ren que yo me quede... 

Rita. Ah! Eso sería abusar de su amabilidad... 

Juan. Sí, eso sería abusar... 

Luis. No, no señora, con mucho gusto... 

Rita. Si usted se empeña... 

Juan. (Aparte.) Ya encontró solución. Qué talento tiene mi mu- 
jercita!) 

Rita. Nosotros volvemos deseguida y dentro de algunos mo- 
mentos estará usted acompañado de nuestra amiga Lo- 
la,, que salió hace rato y no tardará en llegar. (Llamando ) 
— Adela! Adela! Estás yá? 



ESCENA VII 
DICHOS y ADELA por la derecha en traje de calle. 

Adela. Sí, tia. Adiós, Luís. 

Luis. Adiós, Adela. (Le haré la pregunta de todos los días.) 

(Alto y con indiferencia.) Me quieres? 

Adela, (indiferente.) Sí, mucho. (Qué fastidio!; 

Luis. Y yo lo mismo. ("Qué hastío!) 

Rita. (Aparte á Juan.) Míralos, míralos. 

Juan. (Aparte k Bita.) Sí, si, ya los veo. 

Rita. Vamos. 

Juan. Cuando quieras y como quieras. 

Rita. Pues hasta luego. Ah! Se ine o'vidaba! Los niños que- 
dan donniditos. Si lloran mucho, ahí tiene usted el bi- 
berón, y.... (señala al ve'ador ) 

Juan. Sí. sí, ¿usted sabrá aplicárselo bien?, porque son muy 
glotoncillos. 

Rita. (cementado.) Sí, hombre, pues no ha de sabei! Si creerás 
que todos son tan torpes como Uí... 



— 12 — 

Juan. Bueno, no te enfades. (Arreglándole el abrigo.) Abrígate, 
mujer, abrígate! 

RlTA. Déjame en paz! (g e van todos por el foro, menos Luis) 



ESCENA VIII 
LUIS 

Luis. Pues señor, heme aquí priaionero. Al demonio se le ocu- 
rre ofrecerse para.... Y qué pronto aceptó la buena de 
doña Rita...!No hace esta señora más que ofrecerme mo- 
lestias de todas clases. — "Luisito, si usted fuera tan 
amable que hiciera estu!...Si usted tuviera la bondad de 
hacer aquello...,, Y yo, por no desagradar á mi padre, 
sostengo estas relaciones que me aburren, que me fasti- 
dian en extremo. Y el caso es que á la niña, á Adelita, 
le sucede otro tanto. Tengo entendido que está enamo- 
rada de otro. Mejor; así algún día se romperá este lazo 
que me ata, y si encuentro á la mujer de mis ilusiones, á 
aquella viudita tan graciosa, á la que no pude ver más 
que los ojos y la boca, á causa del antifaz; á aquella mu- 
jer que fué al baile en el Liceo acompañada de mi amigo 

Lucas entonces sería feliz. — No puedo olvidar nunca 

la voz tan dulce con que me dijo:— "Guarde usted esos 
gemelos de teatro, que algún día aparecerá su ama,, y 
desde entonces no se separan de mí un momento, (saca del 

bolsillo unos gemelos pequeñitos, los contempla y los guarda después. 

-Se oye dentro llorar un niño) Creo que llora uno de los niños 
de doña Rita... En efecto. Vamos á ver si consigo callar- 
lo (Entra por la 1. a derecha y sale con un niño pequeñito en brazos.) 

Cállate, cállate, chiquitín, no llores (Meciéndolo) Vamos, 
vamos. — Ay! Aquella viudita!. ..Pero no te callas?. ..Aque- 
llos ojos!. ..Cómo le gusta que lo paseen!. ...Demonio! Qué 

Oigo! (suena dentro el lloro de otro niño) El otro, que también 

se ha despertado y llora como un becerro! Pues me voy 
á divertir. (Entra y sale á poco con el otro.) Anda, monono, 
cállate, que yo no puedo darte lo que tú deseas. ¡Si me 
vieran mis amigos!— Vamos, se callaron. Volveré á co- 
locarlos en la Cuna. (Entra por la misma puerta, y dentro lloran 



- 13 — 

un momento,— saliendo enseguida.) Nada, no es posible; vuel- 
ven á llorar en cuanto I03 dejo. Tengo lástima á las niñe- 
ras. Pobrecitas! Por eso me gustan tanto. Paseo arriba, 
paseo abajo (uniendo la acción.) La verdad que este ejer - 

C1C10 cansa. (g e sienta en la butaca y con la tonadilla de la nana 
canta esta copla popular. ) 

Duerme, niño chiquito, 
Que viene el coco 
Y se lleva á los niños 
Que duermen poco. 

Ay! El matrimonio! el matrimonio! Bueno está el matri- 
monio!... Y cuidado que yo soy su más acérrimo defen- 
sor; pero estos efsctos me horripilan! Cuánto tarda en 

volver esa amiguita de la familia! (Lloran los niños un mo- 
mento.) Otra vez? Callarse, demonios! Ya me tenis atolon- 
drado! EstO es insufrible! (pausa, y mirando á los niños) Ay! 
Cómo abren la boquita! Pobrecitos! Tienen un hambre 
feroz! (coloca ios niños en la butaca) Tomaré el biberón. Pe- 
ro qué me hago yo con este instrumento? (Dando vueltas ai 

biberón.) V amos. (g e dirige á la butaca y poniéndose agachado de- 
lante, acerca el biberón á los niños.— Lloran un momento ) Pero si 
yo no sirvo para esto, (suelta el biberón y coje los niños) Va- 
liente rato me está haciendo pasar vuestra mamaita!.... 
Qué hora será? Ya me vine sin el reloj. Me asomaré al 
balcón, y veré el del establecimiento de enfrente. (Abre 
el balcón y se asoma con los niños) Canario. .Buena hora de re- 
gar las macetas tienen en el piso segundo! Me han pues- 
to chorreando! (Mirando hacia abajo por el balcón) Eh? Es 

conmigo? Qué querrá este caballero?— Y qué quiere? — 
A mí qué me importa? Qué le pagaré á usted el sombre- 
ro? Vaya usted al infierno! (se retira del balcón) Pues está 
bueno! ¿listará loco este hombre? (pausa) Ya! Le habrá 
caído encima el agua de las masetas, como á mí, y cree- 
rá que.... (suena dentro la campanilla) Llaman? Gracias á 

Dios! Ya estará ahí la amiguita. (Sale por el foro y entra 
deseguida.) 



— 14 — 

ESCENA IX 

LUIS, ARTURO y un GUARDIA municipal por el foro.— ARTURO 
vestirá americana con una flor en el ojal y sombrero de copa. 

Artur. Aquí es! Vea usted, vea usted. 

Luis. (El caballero del sombrero con un guardia.) 

Artur. (ai guardia.) Mire usted cómo me ha puesto. El sombrero 

queda inservible, guardia, cinco duros tirados á la calle! 

Estoy hecho una sopa! Hasta el cuello se ha quedado 

sin almidón, (a Luís) Caballero, me indemnizará usted. 

(üá dos pasos hacia Luis y al ver que éste vá hacia él, huye.) 

Güard. Déjeme, déjeme á mí. (a Luís.) Caballero! 

Luis. Qué se le ocurre? 

Artur. (Aparte.) (No veo á Adelita. ¿Dónde estará?) 

Guard. Advierto á usted que va á hablar con una autoridad á 
quien por lo tanto debe respeto y acatamiento. 

Luis, Ya lo veo. 

Guard. Me alegro. 

Artur. (Aparte. ) (Esta coincidencia me vá á poner en relaciones 
con su familia. Ay qué gusto!) 

Guard. (Dándose importancia.) Conteste enseguida, inmediatamente 
y con prontitud á las preguntas que me dignaré hacerle. 

Artur. (Jesús, y cómo tengo el pantalón!) (sacudiéndose con el pa- 
ñuelo.) 

Guard. Usted ha manchado el sombrero á este caballero? 

Luis. Yo nó; es que... 

Guard. (interrumpiéndole.) Silencio! 

Artur. Ay! Lo niega, guardia, lo niega. (No puedo con este 
hombre que tan inoportunamente molesta á mi Adela. 
Le voy á desafiar...! Pero nó, y si me mata?) (aiío aiguar- 
di a .) Ya lo oye ustsd. 

Guard. Déjeme, déjeme á mí: usted ha manchado el sombrero, 
y lo demuestra que todavía tiene en sus manos el cuer- 
po del delito. 

Luis. Yo? (Ah! Creen que los niños...) 

Güard. Sí señor. Usted no sabe que el arrojar basuras á la vía 
pública constituye un delito previsto y penado en el Có- 
digo penal vigente todos los días en la actualidad? 



— 15 — 

Luis. Pero.... 

Guard. Pues entonces pagúele á este caballero el sombrero, y 
luego una multa que yo le impondré y se evitará todos 
los gastos consiguientes á un procedimiento criminal. 

ARTUR. (Aparte limpiándose con el pañuelo.) (P<?1'0 CÓmo me ha pues- 
to ..! Dónde estará Adela?) 

Lns. Yo no pago nada. 

Artur. Oye usted, guardia? (a mis.) Le parecj á usted bien no 
pagar después de haberme estropeado este traje que hoy 
estrenaba y que tan á mi gusto me había sacado el 
sastre? 

Guard. Déjeme, déjeme. Bueno, usted no pague; pero yo como 
autoridad, interpretando la ley, que es mu}' sabia, daré 
al Sr. Juez parte del hecho. 

ARTUR. al, eso, eso. (Arreglándose al espejo.) 

Luis. (Esto es ya insufrible.) 

Guard. Por el pronto y teniendo en cuenta que han sido los 
niños los causantes de la agresión, injusta si se quiere, 
que ha sufrido este caballero, dígame usted cómo se 
llaman. 

Luis. No puedo, porque todavía no se han bautizado. 

Guard. No tienen nombre conocido? Tanto peor para ellos. Esto 
complica el asunto. ¡Pero ahora que caigo! Como esos 
niños no tienen personalidad, tendremos que buscar la 
responsabilidad subsidiaria, porque cuando un perro, 
pongo por caso, comete un delito, el amo es el que pa- 
ga. Por tanto, el ama de cría de e30S augelitos respon- 
derá. 

Luis. El ama? 

Guard. Y en su defecto la madre. 

Luis. Y si no el biberón y la vaca. (¡Qué bruta es esta auto- 
ridad!) 

ARTUR. (Aparte, sacando del bolsillo alto de la americana un retrato y lim- 
piándolo con el pañuelo.) Ay, Adela de mi corazón! Tu re- 
trato mojado! Hasta tu linda cara ha sido salpicada por 
el líquido profano!) (Alto y ai guardia.) Este señor debe dar 
su nombre y las señas de su domicilio. 

Guard. (Pues casi tiene razón. Este servicio ha de valerme una 
jefatura.) Diga usted, diga usted su nombre. 



— 16 - 

Luis. Voy á darle á usted una tarjeta; pero como tengo las 
manos ocupadas, no puedo.... 

Guard. La autoridad siempre es deferente hasta con los crimi- 
nales, y todo lo que sea en provecho de la justicia lo ha- 
ce siempre. Venga un niño, (luís le da uno.) 

Luis. (a Arturo le dá otro.) Tome usted, y usted el otro, y ahora... 

ya 110 aguanto más. (sale corriendo por la puerta del foro.) 

Artur. (Muy apurado.) Se marcha, guardia, se marcha? 
GüARD. (con cachaza ) Creo que SÍ. 



ESCENA X 
ARTURO, el GUARDIA y LOLA á poco por el foro. 



Artur. Esto es una burla que yo no puedo consentir, 

GfüARD. Déjelo, déjelo usted. Se ha burlado de la autoridad! Do- 
ble delito! Yo tengo muy buen olfato (oiiéndose la mano) y 
no perderé la pista; pero parece que viene alguien? Se- 
rá él? 

Lola. Ya estoy de vuelta. Pero qué significa esto? Qué ocu- 
rre? La puerta estaba abierta...! Y la familia? 

Guard. (Esta debe ser la madre.) Usted responderá por sus hi- 
jos. 

Lola. (Qué dice este hombre?) Por mis hijos? 

Guard. Sí señora; usted pagará el sombrero á este caballero, 
puesto que su padre no quiere hacerlo. 

Lola. Mi padre? ( Co n extrañeza.) 

Guard. Nó, el de estos niños. (Qué torpe es esta señora! Y eso 
que la autoridad se explica siempre bien y la entiende 
cualquiera.) 

Lola. Ni yo tengo hijos, ni los padres de esos niños creo que 
estén ahora en casa; puede usted, si quiere, volver des- 
pués. (Qué será esto?) 

Artur. Eso es lo mejor, (y entonces veré á Adela.) 

Lola. Vengan los niños. 

Guard. No puedo entregarlos. El cuerpo del delito acompaña 
siempre al parte. — Vamos andando. (s e dirije ai foro.) 

Lola. Cómo es eso? Los niños no salen de esta casa. 



— 17 — 
GrUARD. Bien, la galantería acompaña siempre á la autoridad. 

(Entregándola el niño. Arturo hace lo mismo ) CoDsérvelos en el 

estado en que se encuentran hasta que venga el juez 
de guardia. Usted lo pase bien. 
Artür. Volveré, ya se ve que volveré y me pagar? . el sombre- 
ro. ¡Vaya SÍ me lo pagarán! l' Se van el Guardia y Arturo por 
el foro ) 



ESCENA XI 
LOLA y LUIS por el foro. 



Lola. Qué habrá pasado? Dónde estarán? (Llamando.) Rita! 
Adela! Nadie contesta! 

LUIS. (Asomándose por la puerta del foro.) ¿Se marcharon? 

LOLA. (volviendo la cara.) Ah! ¿Quién es? 

Luis. (Entrando. ) Soy un amigo de la casa. 

Lola. (Es él!) 

Luis. Y usted es la amiguita que hoy llegó de fuera? 

Lola. Sí señor. Pero usted sabe qué ha ocurrido? 

Luis. Sí señora. Qué salió la familia dejándome encargado 
de los chicos, y al asomarme al balcón, regaron unas 
masetas en el piso alto, le cayó á un caballero el agua 
y cree que los niños... 

Lola. Ya! 

Luis. Y quería que le pagase el sombrero. (¡Caramba y qué 
hermosa es esta mujer!) 

Lola. (No me ha conocido.) Supongo que usted será un ínti- 
mo amigo cuando le han dejado... 

Luis. Si,, convertido en niñera... qué quiere usted. Las cir- 
cunstancias obligan algunas veces... Pero yo no puedo 
consentir que una joven tan bella y tan delicada se can- 
se con los dos niños. Déme usted uno y partiremos el 
trabajo. 

Lola. Es usted muy galante. No me canso, pero vaya... (lo dá 

un niño.) 

Luis. (ai tomarlo ) Qué oj°s tan hermosos tiene usted! 
Lola. Decía usted antes que era amigo de doña Rita. 



— 18 — 

Luis. Sí. (Pero qué divina es esta mujer!) 

LOLA. Y de Adelita? (con intención.) 

Luis. También. (Ay Dios mió, qué boca!) (nace un movimiento y 

parece que el niño se le cae.; 

Lola. ¡Hombre, que va usted á matar el chico! 

Luis. Como no estoy acostumbrado y... 

Lola. Es usted de Madrid? 

Luis. Nó, soy de Sevilla. ¿Y usted quizá...? 

Lola. Dj Málaga. (Ya no se acordará. Veremos.) Ha estado 

usted alguna vez en Málaga? 

Luis. Sí, un carnaval. (María Santísima, y qué mujer!. ) 

(.Vuelve á figurar que se le cae el niño.) 

Lola. Pero se ha empeñado usted en matar el chico? 

Luis. Es que como no está el peso equilibrado... ¿Si quiere 

usted darme el otro? 
Lola. Va usted á dejar caer los dos. 

LUIS. NÓ, venga, (ai tomar el otro niño coje la mano á Lola.) Ay qué 

mano tan divina! (s e la besa.) 

Lola. (Retirándose.) Caballero, cuidadito! (No ha perdida la cos- 
tumbre de aquella noche.) 

Luís. ¿Por qué es usted tan bonita? 

Lola. Eso no es una disculpa. 

Luis. No sucederá más; me ha amarrado usted con los ge- 
melos. 

Lola. (Conservará los que le di?) ¡Los gemelos! Ay! Yo tam- 
bién tengo unos gemelos. 

Luis. Es usted casada? 

Lola. Nó, soy viuda. 

Luis. Esos gemelos de usted serán preciosos, porque usted 
no puede tener nada feo. 

Lola. Nó, feos no. 

Luis. Su marido de usted los quería mucho? 

Lola. No llegó á verlos, murió tres años antes, 

Luis. (Caracoles!) 

Lola. Pero yo los estimo mucho, porque son de un buen fa- 
bricante. 

Luis. (Zambomba!) Señora, y dónde los tiene usted? 

Lola. Yo no los tengo en mi poder. 

Luis. Ah! Entonces los tendrá el fabricante. 






— 19 — 
No; los cedí... já! já! 

(con estrañeza.) Los Cedió usted? 

Sí, á un joven que se enamoró de ellos y como recuer- 
do me los pidió. Já! já! 

Luis. (Canario! Y se ríe!) 

Lola. Sí, caballero, me los pidió tan enamorado, que no pude 
resistir, y... 

Luis. Ah! Qué recuerdo! Sí... esos ojos... 

Lola. (Aparte. ) (Ya! Gracias á Dios! Habrá cumplido lo que me 
ofreció?) 

Luis, (La misma boca! Es aquella, la viudita del baile. Ay! 

A mi me va a Ciar algo.) (Hace como que se va á desmayar y co- 
loca los niños en la butaca.) 

Lola. Ja! ja! Qué le pasa á usted? 

LüIS. (La misma VOz! Ay!) (Hace ademán de caerse sobre la butaca 

donde están los niños.) 

Lola. (üando un grito.) ¡Caballero, los gemelos! 

Luís. (Reponiéndose.) Con toda mi alma! Aquí están. Qué torpe 

ne S1U.0! (saca del bolsillo los gemelos de teatro y se los entrega.) 

Lola. Qué hace usted? Qué es esto? (Cumplió su palabra. Era 
verdad lo que me decía.) 

Luís. (se arrodilla delante de Lola.) No me oculte la verdad. Us- 
ted estuvo en el baile con mi amigo. Usted me dio esos 
gemelos, que desde entonces no se han separado de mí. 

(.Se oye llorar á los niños un momento.) 
.LOLA. .Pero esos HUIOS. .. (Luís se levanta, mueve un instante á los niños 
y vuelve á caer de rodillas ante Lola con rapidez.) 

Luís. Usted es la mujer á quien yo adoro desde entonces. 
Lola. Pues bien, es verdad. Y como veo que ha cumplido us- 
ted su palabra, no tengo inconveniente en 

LüIS. Ser la Compañera de mi vida? (Lloran un instante los niños.) 

Lola. No tan de prisa, pero... (indicando ios niños.) 

LiUIS. (Vuelve á correr hacia ellos, los mueve y se arrodilla otra vez.) Aho- 
ra conteste, conteste usted. 
Lola. Pues bien, sí. 
Luis. (cogiéndole ia mano y besándola.) Bendita sea esa boca y la 

hora en que VÍÓ usted la luz! ( En este momento aparecen por 
el foro Juan, Rita y Adela.— Los niños lloran,) 



20 — 



ESCENA XII 
DICHOS, JUAN, RITA y ADELA 

Rita. La puerta abierta! Mis hijos aperreados! Qué escándalo 
es este? 

LüIS. (Levantándose.) (Doña Rita!) 

Rita. (Furiosa.) Pero qué haces, Juan, que no coges á esos ni- 
ños? Vamos pronto! 
Juan. (con caima.) Bien, no te alteres, mujer, cuando quieras y 

Como quieras. (Recoje los niños y los pasea.) 

Rita. (a luís ) Caballero! Dará usted una satisfacción á mi 
marido de lo que hemos presenciado. 

Luis. Yo... señora... 

Juan. (Apaite á Eita ) Mujer, que me comprometes! 

Rita. Y si no, yo se la exijo. 

Luís. Pues bien, señora. Hace algún tiempo que adoraba á 
esta joven sin haberle apenas visto más que una vez, 
y la fortuna ha hecho que hoy la encuentre en esta 
casa. 

Rita. Está bien. Pero Lolita, amiga mia, ha de saber usted 
que mi sobrina... 

Adela. Nada, tia, este caballero es libre, puesto que nunca nos 
hemos entendido, ¿no es eso? 

Luis. En efecto. A quien siempre he querido es á esta mujer. 

Rita. (a Juan.) Y qué dices á todo esto? Qué te parece la osa- 
día? Vamos habla. 

Juan. Que cuando quieras y como quieras... digo... que me 
parece que no ha estado bien hecho, y que... 

Rita. Ay qué calzonazos! Anda al infierno! 

Juan. Bien, cuando quieras y... 

Luis. No se altere usted, doña Rita. 

Juan. Eso digo yo, no te alteres, Rita. 

Luis. Ya ha oido usted, Adela podrá ser feliz con otro hom- 
bre. 

Lola. No extrañe usted lo ocurrido. Los sentimientos no se 
pueden ocultar. 



— 21 — 

Juan. Eso digo yo, los sentimientos... 

RITA. (Dando ú Juan un empujón.) Quita alia. 



ESCENA XIII 
TODOS. 



GüARD. 

Luis. 

Adela. 

Rita. 

Guard. 



Rita. 
Guard 

Rita. 

Guard. 

Rita. 

Guard. 

Juan. 
Rita. 
Luis. 



Rita. 
Guard, 

Rita. 

Guard. 



(Entrando con Arturo por el foro.) Ya deben haber vuelto los 

padres de los agresores. — Pase, pase la víctima. 

(Otra vez el guardia.) 

(Aparte ) Ah! Arturito! Qué será esto? 

Qué OCUrre? Qué trae USted aquí? (Adela y Arturo figuran ha- 
blar un momento al descuido de los demás. ) 

No se extrañe: la autoridad tiene facultades siempre 
para entrar en donde le dá la gana y hacer lo que ten- 
ga por conveniente, para eso es autoridad. 
Es que... 

SilencL! Conteste á las preguntas que le haré. — Usted 
es la madre de aquellos cachorros? (señala á ios niños.) 
Cachorros? De esos niños dirá usted. 
Lo mismo dá. Sí, ó nó? 
Sí. 

(señalando ¡i Juan.) Y aquel señor su padre? Pues bien, 
usted tendrá que pagar el sombrero. 
El sombrero! 
El sombrero! 

Antes me asomé al balcón con los niños; regaron en el 
piso alto unas masetas, cayó el agua á ese caballero y 
cree que hayan sido los niños los que... 
Ya! 

Yo no entiendo de eso. Usted estaba en el balcón con 
los chicos y éstos son los responsables. 
Pero... 

Silencio he dicho! Aqui nadie habla más que la autori- 
dad. (Dirigiéndose a Arturo.) CoEque, joven, dígame usted. 
A qué nombre se produce la queja en el parte que voy 
á extender. 



- 22 — 

Artur. AI mió, Arturo Carranza y Bonetillo. 
Juan. ¡Carrauza! ¿Es usted hijo de D. Manuel? Venga un abra- 
zo, (ai Guardia.) Haga V. el favor. ( Le dá los niños.) 

Artur. Sí señor, D. Manuel Carranza, diputado y propietario. 

Juan. El mismo. Un íntimo amigo de la niñez, 

Artur. De verac? Me alegro. Guardia, renuncio á la indemni- 
zación. 

Juan. Muchas gracias. Cuente usted conque desde hoy tiene 
en mí un amigo más. 

GuARD. Fracasó el servicio que iba á prestar. (Siempre me pasa 
lo mismo.) 

Artur. Yo recompensaré á usted. 

Guard. Haga usted el favor, (a Rita dalos niños.) Señor, creo mere- 
cer una gefatura, porque, como habrá podido observar, 
no paso nada que sea en contra de la ley. 

Luis. Sí, es verdad. 

Artur. Yo daré á usted hoy mismo un empleo tranquilo y se- 
guro. Una portería en una de las fincas de papá. Y 
ahora tengo que pedir á usted un favor. 

Juan. Lo que usted quiera. 

Artur. (Llamando á Adela.) Que autorice usted mis relaciones con 
su sobrina. 

Rita, (a luís dándole los niños.) Haga usted el favor. Pero Ade- 
la, que es esto? 

Adela. Sí, tia; á este caballero es á quien yo adoro. 

Luis. (üando ios niños ai Guardia.) Haga usted el favor. Lo ve us- 
ted, doña Rita, lo ve usted? 

Rita. Es verdad, el amor no puede imponerse. 

Juan. Sean ustedes felices. 

Artur. Ay qué alegría! (a Eita) Señora, me permitirá usted que 
bese los gemelos, que son los que me han dado la di- 
cha. (Coge y besa los niños.) 

Luis. Quiere usted besar los mios? 

Artur. Pero usted tiene también... 

LUIS. oí. (poniéndole los gemelos de teatro delante ) -t>ese Usted, bese 

usted como yo los beso. 



— 23 - 

(Al público,) 

El objeto constante 
de mis desvelos, 

era encontrar el ama 
de los gemelos. 
Lola. Ya la ha encontrado. 

Y ahora digan ustedes 
si os ha gustado. 



FIN DEL JUGUETE. 



NOTA 

AL EMINENTE ACTOR 
P<DN JULIÁN JP.OMEA 

Soto al tahnio u catino con que C V. y b&máo 
achica ú&cwtazon <¿$la oSziüa bcSo <d íxito oShnibo 
m la noeñe b¿ m tóhmo. Qtímplo, poz tanto, un 
befíez be qzalüub al puSUcazlo. 

$. é. ií II. 



PUNTOS DE VENTA 



MADRID 

Librerías de los Sres. Viuda é Hijos de Cuesta, calle de 
Carretas; de D. Fernando Fé, Carrera de San Jerónimo; de 
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tas, y de D. S. Calleja, calle de la Paz. 



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